'Massa brillant': una mirada refrescante, renovada y alejada de estereotipos LGTBIQ+ de la mano de Oriol Puig Grau


Que nadie se confunda al leer el título de la obra y el cartel. Esta obra no va de mariquitas. El mismo protagonista rechaza esa etiqueta, es gay. Y punto. El resto de asuntos le son superiores, le exceden y lo ahogan.

Oriol Puig Grau lleva a la Sala Petita del TNC una obra que se aparta de ese teatro reivindicativo de lo gay como algo disidente, barroco, fiestero, cargado de plumas, excesos y 'massa brillant'. Su protagonista vive su mejor noche cuando decide ir con su novio a una fiesta drag. Le entra de todo. ¿Plumofobia? ¿Rechazo de sí mismo? No, sólo que ese mundo gay, esa parte del mundo LBTBIQ+, no va con él. Lo ve desde lejos como algo ajeno, pero en el que no ve cómo encaja.


Todo ello viene cargado de sobreentendidos, de guardarse las cosas para uno, de tentar a la suerte con quien le da paz y de estallar ante lo que ve un exceso. No lo odia, no lo repudia, sólo que no es el mundo que le interesa. 

Puede resultar poco, pero no lo es. Encontrar una obra teatral en la cartelera que no te suelte un discurso es más difícil que encontrar un hetero en el Circuit de Barcelona. Pero Oriol Puig Grau lo hace, lanza un potente mensaje, tal vez pisa algún charco, pero no da lecciones a nadie. El teatro no es eso.


Su propuesta no acaba en el texto. El dramaturgo también dirige su propia pieza y lo hace de forma más que notable. Puig Grau tiene una potencia estética que convierta lo poco en mucho, la palabra en gestos, las miradas del actor en la proyección de lo que ve, la música que suena un elemento más de la narración. Así hasta que la obra se eleva hasta el momento de la lluvia, después de ofrecernos un memorable lipsync de Britney Spears.

Lo mejor es que viaja muy bien acompañado. Daniel Mallorquín tiene momentos en los que emociona mientras parece estar mirando a un chico con el que se ha cruzado en la discoteca, Carlos González pone el comic relief con una frescura de la que requiere el teatro de manera urgente.

Es una segunda obra al completo, no se le puede pedir excelencia, pero Oriol Puig Grau promete ofrecer al espectador catalán algo fresco, una mirada alejada del discurso y de algunos topicazos sobre el colectivo LGTBIQ+.



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